“Es cierto que un domingo no es muy buen día, pero se nota que la gente con la crisis mira mucho, compara y se lo piensa antes de comprar…”, admitía Zaira Gracia, de la tienda MaryPaz, en el Centro Comercial Augusta, que como muchas grandes superficies de la capital aragonesa abrieron ayer sus puertas ante el inminente inicio del curso escolar. “Las rebajas nos ayudaron un poco, pero ahora la gente no se anima a comprar y, con este calor, menos ropa de invierno…”, añadían en Springfield.
Son, precisamente, los comercios relacionados con las necesidades infantiles los únicos que parecen salvarse un poco de la ‘quema’ de estos últimos días. “Nosotros no nos podemos quejar. Para los niños se tiene que gastar quieras o no. Tienen que vestirlos. Lo que sí que hemos notado por la crisis es que la gente se ha esperado hasta los últimos remates de rebajas de verano para encontrar el producto más barato”, explicaban desde la tienda Mayoral.
Una opinión que comparte Rafael Sánchez, que junto a su esposa y la pequeña María, mira el género del escaparate de esta última firma. “Tienes que reservarte un poco dinero y quitártelo de las vacaciones para poder iniciar el curso sin problemas. A los niños no les vale la ropa del curso anterior… Tienes que comprarles pantalones puedas o no”, reconocía Rafael, mientras las dos mujeres de la familia discutían sobre qué jersey les gustaba más.
Por contra, en tiempos de recesión, a lo primero que renuncian los compradores son a los productos de ‘lujo’. “Antes, se era más impulsivo, ahora, te lo piensas dos veces. Sobre todo, cuando por ejemplo, son unas flores que no necesitas. La venta se ha hecho más complicada, pero realmente cuando compras este tipo de productos ya sabes lo que cuestan”, afirmaban desde la tienda Laraflor.
Si las ventas no se animan, los efectos de la crisis en los comercios pueden dejar un triste balance. Cada vez es más frecuente encontrar establecimientos que han echado la persiana para siempre. Podrían cumplirse así los peores presagios de los comerciantes, que estimaron hace unos meses que si la situación no se recupera, a final de año podrían haber cerrado unos 1.500 negocios en Zaragoza.
“Cada vez hay más locales vacíos, y sí que se está notando una bajada de clientes, pero hay que ser optimistas. Para nosotros el arranque de temporada no ha sido del todo malo y confiamos en que vaya mejor”, apuntó Jesús Martínez, de Intersport.
Referencia: http://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/7b1c8_escaparates_otonales_tiendas_semivacias.html
Reducir costes para ser más competitivos es la filosofía empresarial más extendida en las escuelas de negocios. Sin embargo, ¿qué hacer cuando se trata de la imagen de la empresa? ¿Merece la pena ahorrar unos euros y prescindir de un buen escaparate?

Escaparate en Caspe
Los expertos coinciden en señalar que “frenar la renovación en la imagen del establecimiento es también frenar las ventas”.A juzgar por los datos que se barajan en el mercado, contar con una ‘ventana al exterior’ que dé idea de la filosofía del negocio y de lo que allí se vende puede incrementar las ventas entre un 20% y un 30%, cifra nada despreciable teniendo en cuenta la caída de ingresos de los comercios este año.
Lluis Martínez, profesor de marketing en punto de venta de Esade, va más allá. “Un buen escaparate conjugado con un interiorismo cuidado puede hacer crecer las ventas hasta un 50%”. De ahí que sean cada vez más los que apuesten por renovar la imagen de su negocio en tiempos de crisis. “La teatralización del punto de venta es la mejor inversión posible, el último gasto del que debe prescindirse a la hora de recortar presupuesto”
Aunque el propio profesor advierte: “aludir a la crisis en el escaparate es cavar nuestra propia tumba”. Una de las consecuencias de la recesión económica actual es la confianza que padecen los consumidores, en un momento de la historia en el que los niveles de ahorro de las familias son los más altos de los últimos 20 años. Rótulos del tipo ‘precios anticrisis’ pueden tener el efecto contrario al deseado, recordar el miedo, y con el miedo, la huída de las compras.
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Entrada. Una puerta situada a la derecha del local garantiza que el cliente dé la vuelta a toda la tienda y que esta se vea prácticamente entera desde la calle.
Escaparate. Debe llamar la atención (el precio es fundamental), ser original y tener claridad de ideas. Los expertos aseguran que la cantidad de productos en un escaparate es inversamente proporcional a la sensación de calidad. La rotación y limpieza son básicas para evitar una impresión de abandono. El minimalismo y la escenografía marcan tendencia.
Interior. El cliente entra con una o ninguna idea y termina comprando por impulso. Para estimular esta decisión la tienda, al igual que cada estante, tiene ubicaciones estratégicas. Todo lo que queda por debajo de la cintura y por encima de los ojos es difícil de colocar. Las marcas más conocidas suelen actuar de reclamo y tienen más éxito los productos que se colocan a su derecha que a la izquierda.
Ambiente. La mezcla de colores vivos, música y olores frescos incentiva el gasto especialmente en los departamentos de perfumería, moda y alimentación.
Zonas estratégicas. La entrada del local, el pasillo central y la zona de caja son las áreas clave de una tienda. En la primera se atrapa con ofertas al cliente para que no se marche; la segunda será la más transitada, y en la tercera, donde se generan las colas, se expone al consumidor a una espera en la que puede seguir comprando.
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